Qué necesitas saber antes
- En este sentido, los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) revelan una reducción del 25% en el potencial de producción de hidrógeno de bajas emisiones para 2030, debido a demoras en proyectos e infraestructuras insuficientes.
- En este contexto, Armiño sugiere que la reducción de costes no provendrá de la tecnología del electrolizador, que ya es competitiva, sino de la experiencia acumulada en EPC, costes indirectos y contingencias.
- Desafíos globales y el futuro del hidrógeno Armiño observa que Europa corre el riesgo de rezagarse frente a otras regiones como América Latina, donde se produce hidrógeno a €5/kg sin subsidios, un precio similar al que se podría alcanzar en Europa con apoyo público.
El especialista en combustibles sintéticos, Brais Armiño, ha destacado que la falta de transposición nacional de la directiva europea sobre energías renovables está generando demoras en los proyectos de hidrógeno a nivel europeo. Este vacío normativo se traduce en un panorama incierto para el desarrollo de esta fuente de energía.
Impacto de la falta de un marco regulador
Armiño subraya que, a pesar de que Europa cuenta con las capacidades técnicas y empresariales necesarias, el verdadero obstáculo está en el ámbito político. Como él mismo señala, “nadie consumirá hidrógeno si es más caro que otras moléculas sin estar obligado o sin algún incentivo”. Esta situación provoca que empresas paralicen sus proyectos debido a la dificultad de justificar inversiones millonarias.
Las malas noticias son frecuentes: demoras, cancelaciones e indecisión. Sin embargo, se observan algunas operaciones significativas en el mercado, como un contrato en Alemania para la provisión de 6,000 toneladas de hidrógeno RFNBO.
Empresas valientes y lecciones aprendidas
Los antecedentes de cancelaciones no frenan a todas las compañías. Aquellas más sólidas y con una visión innovadora deciden avanzar, asumido riesgos económicos para adquirir experiencia y fortalecer su posicionamiento en el mercado.
En este contexto, Armiño sugiere que la reducción de costes no provendrá de la tecnología del electrolizador, que ya es competitiva, sino de la experiencia acumulada en EPC, costes indirectos y contingencias. Recomienda centrar iniciativas en plantas cementeras y petroquímicas, que operen entre 20 y 30 MW, permitiendo un impacto mínimo en el producto final pero propiciando la escalabilidad y el aprendizaje.
Certificación y variedad de hidrógeno
La certificación del hidrógeno es otro tema crucial. Los desarrolladores han expresado inquietudes sobre la comercialización a través de certificados de garantía de origen. Armiño sostiene que “la estrategia de combinar el hidrógeno bajo en carbono y el RFNBO es la que ofrece mejores resultados”. Ambas variantes tendrán su espacio en el mercado, facilitando la rentabilidad de los proyectos.
La Unión Europea está empezando a incorporar en sus licitaciones la producción de hidrógeno bajo en carbono, permitiendo una mayor diversidad de iniciativas dentro de un mismo marco de apoyo. En este sentido, los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) revelan una reducción del 25% en el potencial de producción de hidrógeno de bajas emisiones para 2030, debido a demoras en proyectos e infraestructuras insuficientes. Se advierte que será necesaria una acción política más decidida para cumplir con los objetivos climáticos y evitar la paralización del mercado.
Desafíos globales y el futuro del hidrógeno
Armiño observa que Europa corre el riesgo de rezagarse frente a otras regiones como América Latina, donde se produce hidrógeno a €5/kg sin subsidios, un precio similar al que se podría alcanzar en Europa con apoyo público. Este experto advierte que “es muy probable que la producción se desplace fuera de Europa, debido a la menor carga burocrática y sensibilidad en otros lugares”.
Sin embargo, concluye afirmando que la transición energética no debe detenerse: “Las necesidades siguen siendo las mismas. La gasolina y el gas natural son recursos finitos y su tiempo se acaba.” Armiño está convencido de que se logrará la descarbonización, aunque el camino podría ser más lento de lo previsto, con un horizonte hacia 2050 o 2060.