Qué necesitas saber antes
- Una vez generada, esta se transporta a través de la red de alta tensión, administrada por la Red Eléctrica de España (REE), y luego se distribuye a los consumidores a través de redes de media y baja tensión.
- De acuerdo con datos recientes, el sistema eléctrico en España ha funcionado a veces con un 30% menos de inercia de la que se considera óptima, lo cual es motivo de alarma.
- Un aspecto crítico es la inercia eléctrica, que se refiere a la habilidad del sistema para resistir cambios repentinos en la frecuencia de la red.
El concepto de “apagón” ha cobrado relevancia en el discurso público y en los medios de comunicación en los últimos tiempos. Si bien suele generar preocupación, es importante desglosar el contexto técnico que lo rodea para entender mejor los desafíos que enfrenta el sistema eléctrico, especialmente con el auge de las energías renovables.
El funcionamiento del sistema eléctrico se fundamenta en cuatro elementos clave: generación, transporte, distribución y comercialización. La energía se produce en diferentes tipos de centrales, que pueden ser nucleares, de gas o renovables, como la energía solar y eólica. Una vez generada, esta se transporta a través de la red de alta tensión, administrada por la Red Eléctrica de España (REE), y luego se distribuye a los consumidores a través de redes de media y baja tensión. Simultáneamente, las comercializadoras adquieren la energía en el mercado mayorista para ofrecérsela a los usuarios finales.
El verdadero reto aparece al evaluar la estabilidad del sistema, especialmente en situaciones de interrupciones o desajustes. Un aspecto crítico es la inercia eléctrica, que se refiere a la habilidad del sistema para resistir cambios repentinos en la frecuencia de la red.
¿Es necesaria más inercia?
De acuerdo con datos recientes, el sistema eléctrico en España ha funcionado a veces con un 30% menos de inercia de la que se considera óptima, lo cual es motivo de alarma. Esta reducción en la inercia puede hacer que el sistema sea más susceptible a desequilibrios, como podría ser la desconexión abrupta de una central.
Para mantener la frecuencia dentro del rango crítico de 49,9-50,1 Hz, el sistema cuenta con diversas reservas: primaria, secundaria y terciaria. La inercia brinda una respuesta inicial ante una caída de frecuencia. Si esta respuesta no es suficiente, se activa la Reserva Primaria, que actúa de inmediato y de forma no remunerada, seguida de las reservas Secundarias y Terciarias, que sí reciben compensación económica.
Las energías renovables están empezando a participar en estas reservas gracias a avances como el Grid Forming. Esta tecnología permite que sistemas renovables no síncronos operen como si fueran generadores convencionales, contribuyendo así a la inercia y a la estabilidad de la red.
Otro aspecto crucial es la potencia reactiva, que, aunque no se consume directamente, es vital para mantener la tensión en la red. Aunque tradicionalmente las fuentes renovables no han proporcionado esta capacidad, es posible adaptar la tecnología para que lo hagan.
¿Podría existir un sistema eléctrico totalmente renovable? La respuesta es afirmativa, pero bajo ciertas condiciones. Es esencial modernizar las redes, integrar almacenamiento con baterías y aplicar tecnologías como el Grid Forming para asegurar la estabilidad del sistema.
Asimismo, es fundamental contar con una estrategia clara que fomente la colaboración activa de las energías renovables en la regulación de tensiones y frecuencias.
La transición energética no solo requiere un cambio en las fuentes de generación, sino que también implica repensar y rediseñar el sistema eléctrico en su conjunto. Solo así se podrán evitar apagones futuros y lograr un modelo energético más limpio, seguro y resiliente.
Juanjo Aguerrea es director de desarrollo de negocio de energía renovable de Marsh España.